La fiebre del heno ha sucumbido.
Nadie mejor que mis miserias
Para conformar tus promesas,
Ahora sólo quiero estar aquí, en mí.
La fiebre del heno ha sucumbido, ya no quedan poemas en mi saliva.
Los caballos relinchan agobiados entre la sangre contaminada, todo el campo está sedado.
Un campo de espigas rosas fluorescentes, un brindis, una afirmación. Todo un neón de perdón
El arte de entregarte todo mi amar cuando tú sólo decías un “Yo También”.
Perro mezquino curtido en mortadela barata y cordeles del plástico del infierno.
Siete almas. Siete mirlos. Siete mentiras.
No dormimos aquel sueño.
Me han robado mi infierno más íntimo y ahora no sé
quién soy.
Las bellezas, ¿siempre escaparemos del infierno?
Espectro del disparate, he perdido el rumbo de lo que está por llegar.
No creo en las coincidencias, un brindis, una afirmación.
Todos los vientos están dormidos,
en su cobijo de papel maché,
en su limbo de nanas vacías.
Monstruo de ombligo rechoncho, el dolor embotado ha vuelto estos días,
En que me susurrabas: “Encuentra la
forma de salir, sobreponerte a todo eso”
Nada mejor que tu sudor de hombre de hojalata para saber lo que es vivir en la impertinencia, sabes lo que es una actitud continúa de piel y delincuencia.
Siempre fui un ángel, y ¿me romperías otra vez los labios cabrona ternura?
Espectro del disparate, he perdido el rumbo de lo que está por llegar.
Sin pasado y sin futuro, ya he lavado los platos.
Algunos adultos me confesaron que deseaban
Practicar el sexo más salvaje conmigo.
No, no era cierto, yo no espero a que alguien mejor aparezca por la puerta,
Cuanta fortaleza en la desnudez, la fiebre del heno ha sucumbido en la carne.
Acababas de lamer hasta el agotamiento mi trasero y dormir juntos ¿te parecía íntimo?
Intruso del tacto, márchate lejos, donde sólo los cineastas y las rameras reclamen saber quién soy.
Nunca me abrazaste cuando me extendí.
Me metieron en una bañera llena de cubitos de hielo,
Glaciares de la deshonra familiar, para evitar
Ser quien aún no Soy.
En el hospital me cosieron el estómago, hace pocos días, para que las pastillas de trapo no volvieran a entrar. Desviados, espero que se cure algo dentro de mí.
Extirpada mi ternura, sólo me cebo en la culpa, ella me distrae de una verdad mayor, la capacidad inherente para…sanar.
Descompuesto, sin poesía, carente de orgullo, herido y esperando volver a lamer.
No creo en las coincidencias, y si me permites, parece que vienes de una misa de excomulgados.
Ya no controlo el ritmo, mi pulso se quedó en el lavado de estómago.
Sólo curto mi resurrección.
Cuanta fortaleza en la desnudez
querían de mí
Cuanta fortaleza en la desnudez
una piel
Cuanta fortaleza en la desnudez
con olor
Cuanta fortaleza en la desnudez
a otros
Cuanta fortaleza en la desnudez
tiempos,
Lo rancio nunca me rozó.
Me parieron desde la lucidez de los poetas de burdel...
Ahora mírenme.
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